martes
una mañana me levanté temprano, me duché, me vestí y me puse colorete. y justo antes de salir por la puerta, me eché un último vistazo en el espejo. tenía los labios completamente blancos. estaba muerta.
así comenzó mi vida como no-viva. el día transcurrió sin más altibajos. no noté ninguna mirada extraña en el metro, y en el trabajo me trataron igual que siempre. no tenía mucho que hacer y estuve todo el rato escuchando música por internet y deambulando por diversas redes sociales. de vez en cuando me acordaba de que estaba muerta, y me daba un vuelco el corazón, a pesar de que ya no me latía.
no encontraba una explicación a por qué, de repente, pasé de estar viva a estar muerta, pero en cualquier caso, no parecía muy complicado acostumbrarse a ese nuevo estado. con suerte, no tendría que decírselo a nadie.
salí pronto de la oficina y al llegar a casa no hice nada de lo que me había propuesto: ir al gimnasio, hacer la compra, poner una lavadora, pintarme las uñas de los pies...
en lugar de eso, me quedé descansando. me tumbé en el sofá haciendo tiempo hasta que empezara mi serie preferida.
y hasta que no terminó, y me fui a la cama, no volví a recordar que estaba muerta.
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intrigado internauta: CORRE. CORRE CORRE CORRE